Cuando se está realizando un proyecto dividido en diferentes etapas, se siente una especial satisfacción por ver el fin de un periodo, una actividad o un objetivo. Sin embargo, esta última sesión presencial en Madrid ha nacido con la aureola de la nostalgia.
Sabía que iba a ser la última sesión y, por tanto, he querido mantener en mi memoria y en mis sentidos cada uno de los escenarios que han hecho posible que vea el fin de una etapa de este curso.
Sé que recordaré con cariño el olor a naftalina del salón de actos, la comodidad de mi coche durante las seis horas y media de camino, el comer siempre de manera negligente en los bares de carretera, aburrirme de escuchar música, de oir la radio, de mantener una conversación, de guardar silencio, durante el viaje de ida y vuelta de Málaga a Madrid.
Sin embargo, también guardo recuerdos que son más bien enseñanzas con lo que los tres últimos ponentes quisieron compartir con nosotros.
La primera ponente, y tutora de mi curso, me hizo reflexionar sobre la importancia de la evaluación de los procesos. Su charla se centró en la evaluación interna y externa en el desarrollo de la función directiva. Fue presentada con orden, intercalando la teoría y la práctica, con ejemplos ilustrativos de la realidad, no solo del sistema educativo español, sino su comparativa con otros países europeos.
Algunos de los datos mostrados fueron sorprendentes.
Como ideas clave, me gustaría destacar las siguientes:
- El plan de mejora debe "buscar objetivos realistas que se adapten al contexto que tenemos."
- En el informe de resultados "la difusión se debe basar en la transparencia, la universalidad, la participación de la comunidad educativa y en crear cultura evaluadora."
A mi parecer, dio en la clave al hacer hincapié en la importancia de la evaluación para la mejora del ejercicio de nuestra actividad, sino contamos con esa retroalimentación, no podemos avanzar. Descubriendo cuáles son nuestras fortalezas y errores podremos dar lo mejor de nosotros mismos y no nos quedaremos estancados. Considero que lo peor que le puede ocurrir a un profesional de la educación es quedarse en la mediocridad.
La segunda sesión consistió en una actividad de grupo en la que se presentó un problema que debía ser tratado desde diferentes sectores de la comunidad educativa: tutores, equipo directivo y claustro. Fue una forma dinámica de mostrar de manera individual y en pequeños grupos los beneficios y las dificultades de intentar resolver un conflicto con o sin ayuda de los otros.
La mejor parte, con diferencia, de la ponencia sobre "Los pasillos del aprendizaje", fue la sesión de evaluación final, en la que tuvimos la oportunidad de conocernos los miembros del grupo L. Fue una pena que solo pudiéramos hacerlo en la última sesión. Si hubiese sido en la primera, habríamos sacado mejor partido de las actividades realizadas en el foro.
La última ponencia del día que cerró las sesiones presenciales fue la información que nos aportó Diego Rojas sobre el programa E-twinning, que resultó muy interesante y clarificadora sobre el trabajo por proyectos entre docentes de diferentes países.
Me parece que es la clave para aprovechar todos los recursos que nuestra era tecnológica nos ofrece y puede resultar muy motivadora entre nuestro alumnado.
Personalmente, después de haber asistido a estas sesiones, he comprendido que nuestro trabajo como docentes va más allá del libro de texto y de la realidad del aula, debemos enfocar nuestro trabajo más hacia el desarrollo integral del potencial que tiene nuestro alumnado.


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